sábado 5 de marzo de 2011

Que Suerte la Mía

En estos días estaba viendo la película "The Curious Case of Benjamin Button" en la TV, y me llamó bastante la atención la escena donde atropellan a Daisy:



La primera vez que vi la película y llegaron a esa escena, simplemente pensé: "¡que mala suerte!" Pero ahora que la vi otra vez y la procesé un poco más, me llevó a preguntarme: ¿Tendrán algunas personas más suerte que otras? ¿Podemos hacer algo para cambiar nuestra suerte? ¿Existe realmente la suerte?

Veamos el ejemplo clásico: tirar una moneda. Muchos consideran que el resultado (cara o sello), depende de la suerte. Ahora bien, qué tal si tuviéramos la capacidad para hacer lo siguiente:
- Colocarnos la moneda en la mano para que quede siempre en la misma posición.
- Lanzar la moneda siempre con la misma fuerza y el mismo ángulo.
- Atrapar la moneda siempre en la misma posición.
- Realizar el experimento en un ambiente controlado (sin viento, donde las condiciones de temperatura y densidad del aire se mantengan siempre iguales).

En ese caso podríamos saber el resultado antes de tirar la moneda, ¿cierto? Ya no dependería de quién tiene el amuleto de la suerte más poderoso, ni quién rezó más antes de tirar la moneda, ni quién se dio un baño de sal en Año Nuevo, etc.. Entonces, ¿qué papel jugaría la suerte bajo esas circunstancias?

Aún con un ejemplo tan sencillo como el de la moneda, poder controlar todas las variables es muy complicado. Y si llevamos esa idea a la vida diaria, con miles de millones de variables interactuando entre si, obtenemos una falta de control a la que denominamos suerte. Y eso es lo que ilustra perfectamente la escena de la película.

Si la suerte no es más que falta de control, esto quiere decir que no hay una fuerza sobrenatural o misteriosa que hace a algunos más suertudos que otros, ni hay personas u objetos que te puedan "pasar" un poquito de su suerte. En cambio, lo único que podemos hacer para mejorar nuestra suerte es empezar a tomar control de las variables que podamos, y darnos cuenta cuáles son las variables que no podemos controlar para tenerlas en mente cuando vayamos a tomar decisiones.

Por ejemplo, si manejas a una velocidad prudente estás controlando por lo menos una variable: el tiempo que le tomará al carro detenerse una vez aprietas el freno. Si manejas bajo la influencia del alcohol estás controlando también una variable (aunque de forma negativa): el tiempo que te tomará reaccionar. Si manejas bajo la influencia del alcohol y a gran velocidad, entonces estás poniendo las dos variables en tu contra, tanto la velocidad que te va a tomar reaccionar como la velocidad que le va a tomar al carro detenerse.

Esto no significa que si manejas de manera prudente nunca vas a tener accidentes, recuerda que hay muchas variables que no controlamos. No controlamos la manera de conducir de las demás personas, ni podemos evitar que un perro se atraviese en nuestro camino, entre otras cosas. Pero si utilizamos a nuestro favor aquellas variables sobre las que sí tenemos control, entonces estamos mejorando nuestra suerte. Y si creamos conciencia en los demás conductores, o dedicamos algún tiempo a pensar en nuevas formas de mantener a los animales lejos de las calles, entonces empezamos a tener un poco más de control sobre las otras variables, y mejoramos aún más nuestra suerte. 

Así que cuando algo malo me pasa a mi o a alguna persona cercana, no me siento a pensar "que mala suerte tengo", ni a reclamarle a Dios o al destino: "por qué dejaste que esto me pasara". Al contrario, pienso "qué puedo hacer YO para que esto no vuelva a pasar". 

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